Hay un gran número de factores o hábitos que, junto con la genética y la mala higiene oral, influyen muy negativamente en la salud de nuestra boca.
– Masticar mal: muchos masticamos sólo por un lado de la boca que puede causarasimetrías en las arcadas dentarias y en las estructuras de la cara y el cráneo. Aprender a masticar correctamente desde niños ayudará a evitar problemas como dolores de cabeza, estómago o de cervicales, que pueden llegar a ser crónicos.
– Bruxismo: rechinar los dientes o apretarlos en exceso puede causar dolor de cabeza y fracturas dentarias. Se estima que más de un 70% de los adultos tiene bruxismo (tanto el diurno como el que se lleva a cabo mientras dormimos) y en ambos casos tiene mucho que ver la ansiedad y el estrés.
– Dermatofagia: es el hábito de morderse los labios y el interior de las mejillas que puede crear llagas e infecciones bucales.
– Mordisquear objetos: muchos de nosotros mordisqueamos cualquier objeto que tenemos entre las manos: bolígrafos, lápices, los tapones de las botellas de plástico… Este hábito provoca daños en el esmalte de los dientes.
– Onicofagia: el hábito de morderse las uñas posibilita una mayor presencia de bacterias potencialmente patógenas en la boca; desgaste en el esmalte dental; alteraciones en la mandíbula; así como problemas en las encías que pueden acabar provocando gingivitis o enfermedad periodontal.
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